Llegamos al final de otro año y, casi por inercia, aparece la misma escena: listas, objetivos cumplidos, pendientes, proyecciones. Miramos números, resultados, logros visibles (materiales). Todo eso tiene valor, claro. Pero rara vez nos detenemos en lo más importante: desde qué lugar interno hicimos todo lo que hicimos.
En estas fechas hay una pausa natural. El ritmo baja, el ruido externo afloja un poco y aparece una oportunidad que solemos desaprovechar: mirar hacia adentro.
Carl Jung lo dijo de forma simple y contundente:
“Quien mira fuera, sueña. Aquel que mira adentro, despierta.”
Durante gran parte del año miramos afuera. Comparamos, perseguimos, reaccionamos. Tomamos decisiones empujados por expectativas ajenas, por urgencias que no siempre eran nuestras, por miedos disfrazados de prudencia. Y no está mal. Es parte del camino. El problema aparece cuando ese modo se vuelve automático.
El cierre de año no es para castigarnos ni para idealizar lo que viene. Es para hacernos responsables del lugar mental desde el cual estamos viviendo.
Porque no es sólo qué hiciste este año.
Es con qué mentalidad lo hiciste.
¿Actuaste desde la claridad o desde la presión?
¿Desde la confianza o desde la necesidad de demostrar?
¿Desde la coherencia o desde la costumbre?
La mentalidad correcta no es positiva todo el tiempo ni motivada por frases bonitas. Es honesta. Es incómoda a veces. Es la que se anima a reconocer patrones que se repiten, decisiones que se postergan, excusas que ya no convencen ni a uno mismo.
Mirar hacia adentro no significa detenerse, significa despertar antes de seguir.
Y lo que viene —el nuevo año, los nuevos proyectos, las nuevas oportunidades— no necesita una versión perfecta de vos. Necesita una versión más consciente. Más alineada. Menos automática.
Tal vez este sea un buen momento para cambiar la pregunta clásica.
En lugar de “¿qué quiero lograr el año que viene?”, probar con algo más profundo:
¿Desde qué mentalidad quiero vivirlo?
A veces, ese simple cambio lo transforma todo.
Gracias por estar, por leer, por acompañar —de una forma u otra— este espacio durante el año que se va.
Mi deseo para vos en este nuevo ciclo es simple y profundo: claridad para elegir, coraje para sostenerte fiel a vos mismo y conciencia para no volver a dormirte en automático.
Que el próximo año no sólo traiga resultados, sino también sentido.



